21 de noviembre de 2016

Instinto animal

¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste esa voz interna, esa voz que te presentó un desafío, esa voz que te retó a ir más allá. Esa voz, que tiempo después sabrías es tu verdadero yo?

A medida que crecemos vamos aprendiendo por medio de modelos, los primeros y principales son nuestros padres, de los cuales adoptamos comportamientos, maneras de ser, de actuar, hablar, un compendio de cosas que nos van formando.
Pero ten muy presente que eso "no es lo que tú eres".
Científicamente está comprobado que nuestra conciencia despierta y se hace presente en nuestra vida desde los cinco años de edad, hasta entonces estábamos en silencio y desde allí tendremos una absoluta más no tan leal compañera, estará presente hasta tanto nos llegué la muerte y/o perdamos lucidez mental.

Pero, ¿De qué va todo esto?

Personalmente me he dado cuenta que muchas personas se cohíben de ser quienes realmente son en la vida. Bien sea por miedo al rechazo social y la soledad, el no «encajar» en el grupo, familia, relación que idealizamos en nuestra mente, entre muchos otras causas. ¡Qué desperdicio! Eres especial y no lo sabes, te refugias tras las letras en un rincón, entre libros e historias, poemas y escritos, canciones, soledad. ¿Cómo sería todo tan distinto si decidieras salir a la luz? Pero más triste sería, que sabiéndolo, te reprimas.

Perversión, instinto animal. Porque eso somos, animales de instintos, nos dejamos llevar por emociones primitivas, necesidades básicas, comportamientos naturales (nacemos así) pero mientras crecemos muchas cosas son vetadas. Ya sea por lo mencionado anteriormente, el sistema social y religioso y por si no fuera suficiente: una serie de complejos y estereotipos sociales que invaden cualquier cultura en el mundo. ¿Te has preguntado alguna vez qué tan libre realmente eres?

Hasta éste punto, si estás despierto habrás notado el patrón al cual hago mención… Pero, si te identificas con la descripción y eres uno de los que aún sabiéndolo sigues vetándote, me gustaría preguntarte: ¿Qué se supone que estás haciendo con tu vida? Es una, es preciosa y créeme, es corta.

Es natural tener miedo en aquellas primeras veces por las cuales pasamos en la vida. La primera vez que te paras frente a una masa de personas (mayormente sucede en la primera exposición), comienzan a sudarte las manos, hay un palpitar raro en tu corazón, algunos incluso sienten las rodillas débiles, pero estás ahí, te preparaste, lo logras. ¿No es eso vencer el miedo? Así, habrá similitud con muchas otras más, por lo que puede tomarse como un principio, entiéndase por el mismo, el concepto generado respecto a un algo que puede ser aplicado en cualquier materia por la perfecta armonía entre lo dictado, acatado y aplicado. Entonces, agarra ese principio, aférrate a él y sal a vivir la vida… no olvidando esa voz interna, ese tú en el interior, ese ser especial que quiere ver la vida como nació, como naturalmente es.

Muchos deciden enamorarse en la vida de la luz, de las cosas buenas, de los ambientes cálidos, de los lugares en los cuales muy dentro de ti los llamas «hogar», eso está bien, no soy nadie para dictar juicios apresurados o leyes de vida. Pero hay también quien decide enamorarse de la oscuridad, de esos placeres prohibidos de la vida, de sentir la adrenalina bombeando por la sangre, haciendo de ti una versión desconocida que anhela cambiar el rubro. Y adivina, eso también está bien.


El camino correcto es relativo, pero creo firmemente que mientras te sientas bien contigo mismo no hay porque detenerse. No te preocupes si no tienes a nadie, sal, en el camino encontrarás personas que piensen como tú. Y quien sabe, quizás hasta se cumpla aquello que escribiste mientras imaginabas la vida que podrías tener de poseer el valor para vivir la vida que mereces.

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