28 de noviembre de 2016

¿Cómo saber si es correcto lo que haces?

De pequeños anhelamos ser grandes, y eso parece estar bien, pero nadie nos dice que cuando seamos grandes, todo lo que una vez veíamos tan fácil se iba a complicar tanto generando una interrogante que muchas veces nos persigue. La acción a tomar es huir de ella, no por miedo, sino más bien por el simple hecho de no saber contestar con un argumento lo suficientemente sólido como para detenerla y poder volver a respirar de manera libre
y sin preocupaciones, como cuando éramos niños y con tan sólo llorar nos metían una teta a la boca haciendo de la vida el paraíso que aunque veamos el horizonte un tanto nublado, ella es.


La interrogante se presente de manera sencilla –hasta soberbia-. ¿Cómo saber si lo que haces es correcto? Actualmente tengo 25 años, soy estudiante de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado”, en siglas UCLA, en la carrera de Ingeniería en Informática,  residente de Venezuela y les aseguro, sin pelos en la lengua (aunque debería decir en los dedos ya que estoy escribiendo), que no sé cómo responder a ella.

Hace algunos años atrás, estaba en el año sabático mientras esperaba la asignación y posterior entrada a la universidad, encontré una imagen en la web la cual venía titulada como: “La imagen del burro”. Eran épocas navideñas, se trataba de José y María y un burro, cuando buscaban en Jerusalén donde pasar la noche (ya todos conocemos la historia del nacimiento de Jesús), pero la misma no estaba enfocada al ámbito religioso, por el contrario, hacía énfasis en la marcada –y dañada-, forma de juzgar que tienen las personas, me explico:

En un primer cuadro (la imagen venía dividida en cuatro), se veía a María sobre el burro y José halando de él. Las críticas fueron contundentes hacía María, del como ella se aprovechaba de ser una mujer y estar embazada y hacía caminar a su esposo sin compartir el burro.
Un segundo cuadro mostraba el reverso, ahora era José quien estaba sobre el burro y María quien halaba de él, y por supuesto, también se hicieron presentes las críticas. Ahora, él era un machista consumado, bien tranquilo y descasado sobre el burro mientras la pobre María en estado halaba de él sin poder descansar sobre el burro como merecía.

Como verán, nosotros que estamos en un marco exterior podemos analizar y darnos cuenta de la tendencia a la victimización del género. Los hombres pelo en pecho no lloran y todo lo soportan versus las muñequitas de porcelana que todo lo merecen y necesitan por ser mujeres (¡Oh Dios!, ¿Me convierte esto en un machista?). El humano en general (aquí no vale la clásica yo jamás haría eso) tiende a juzgar, tiende a superponerse por encima de aquellos a los que ve inferiores según criterios propios o impuestos en el sistema social en el cual nacemos, ¿Te has preguntado alguna vez cuan libre eres?

Prosiguiendo con las dos  últimas divisiones del cuadro, en un primer (ahora tercer) recuadro, ambos están caminando halando al burro, y por supuesto, las críticas nuevamente se hicieron presente, ésta vez fueron señalados como: pendejos, atontados, bobos ¡Por Dios!, ¿Para qué está el burro que no lo usan?, entre otras, y, el segundo recuadro (cuarto en general) muestra el inverso del mismo, ahora ambos están sobre el burro y salieron a la defensa aquellos que creen hablar por lo animales, dijeron: Pobre burro, ¿Por qué no se sube uno y después el otro?, son burros pero los animales sienten, entre tantas más.

Nuevamente, humanos, terceros, se superponen queriendo juzgar a otros con poderes que ellos mismos imaginan, ¿Qué le sucede al mundo? Ahora bien, ¿Cuál es lo correcto? Y aquí, vuelve Einstein a sorprendernos desde las cenizas… Todo es relativo, es hasta el momento la manera más contundente (que no lo es) de responder a dicha pregunta.

Para finiquitar, me gustaría acotar, que debes como persona, hacerte de un centro muy poderoso para sobrevivir en el mundo adulto. A pesar de ser la especie dominante del mundo, tiende a regirse por las leyes naturales, la más famosa de ellas es: la supervivencia del más apto, y no necesariamente debes morir para cumplirla, con estar por debajo de los reyes es suficiente. Así que, haz las cosas con el corazón sin tener presente el qué dirán, la moraleja del recuadro es clara: Hagas lo que hagas la gente te va a criticar, pero también hay una conocida frase de Ghandi:


“No importa que tan insignificante sea lo que hagas, es muy importante que lo hagas porque nadie más lo hará por ti.”

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