12 de abril de 2016

La casa del bosque

Un amor condenado desde su inicio, fue el amor de Roberto y América, dos personas de edades no tan distantes, las cuales decían amarse sin límite, uno de ellos era más vivido que el otro, además de que uno era más entregado y arriesgado que el otro, como siempre suele suceder en una relación.

Una mañana era el día destinado para que éstas dos personas terminaran, para Roberto no importaba la decisión sólo sí su amada América estaría feliz con ella, pero él sabía que no era así; para aprender a ver tras los ojos de las personas es necesario mucha práctica,
más que todo se dice que es un don, él lo tenía para ella, él sabía que ella no estaba feliz con eso, pero por ella repetir ¡Yo lo quiero!, por su insistencia, él terminó alejándose de ella. Borró su número de celular, no la miraba, era una ignorancia por completo, y ella pagaba de la misma forma, ambos tratando de sofocar ese amor que cada uno sentía por el otro, esa llama, ese deseo...

Todos los lectores se peguntarán ¿Dónde quedó todo lo hablado?, en éste caso sería ese amor sin límite que decían tener uno por el otro, y he aquí las malas decisiones de la vida, la inmadurez de las personas, el orgullo, el dejarse llevar por cuentos, por lo que otras personas quieren para ti, por no poder tener la fuerza para tomar tus propias decisiones por miedo a lo que vendría luego, por cobardía.

Uno se preguntará ¿Por qué pasa éstas cosas?, buscas a tú mejor amiga/o y sólo tienen frases sin sentido para ti, frases que llenan un vacío como un bomba de aire que al tocar las paredes termina estallando y tú quedas igual o peor a como estabas, nadie sabe las goteras de cada casa, nadie es mejor confidente que tú propia almohada, por la sencilla razón de que no te juzgará... Ésta última es un arma de doble filo porque piensas mucho, se dice que la mente evalúa las cosas como el andar de una serpiente, mientras que el corazón sólo va directo a lo que quiere y por ello se lleva tantas decepciones en la vida. Pero ¿Vale la pena evaluar tanto algo? ¿Vale la pena terminar por no encontrar una solución por miedo a que vendrá después? ¿Vale la pena?, bueno, eso nadie lo sabe, la respuesta yace dentro de ti, como la sal en el mar, como el oxigeno en el aire, es decir, no se ve, pero se siente, está ahí, nada en la vida resulta perdido, sólo mal buscado.

Hay veces que se quiere estar sólo, veces en la que cualquier compañía siente bien, veces en la que necesitamos de un ser que nos ayude a salir del vaso en donde mayormente estamos ahogados, cada día es un estado de ánimo distinto, sólo está en las persona el saber sobrellevar las cosas. Todos nosotros queremos la mayor felicidad y nos olvidamos de que las cosas buenas vienen en frasco pequeño. No valoramos lo pequeño por querer algo grande y muchas veces imposible de obtener, quieres hace las cosas buenas una vez que has metido la pata, quieres pedir disculpas una vez que cometes el error, y lo peor del caso es que sabes que no debes hacerlo, no debes cometer el error, pero éste es como un imán que te atrae; la contra parte a todo esto sería la voluntad, el interés, el estar decidido a algo y defenderlo a capa y espada, lo único malo es que nunca estamos completamente seguro de las cosas, siempre habrá una duda, una desconfianza, un sentimiento negativo.

Todos aquellos que estén dentro del relato, se darán cuenta de que el título no tiene nada que ver con el desenvolvimiento del mismo, pero por el contrario tiene una íntima relación...


¿Por qué la casa del bosque?

Supongamos que la casa es tú meta, tú llegada, y el bosque es aquello que rodea a la misma, en nuestro caso serán todos los conflictos, problemas, dudas, desconfianzas, inseguridades, etc. Lo que quiero dar a entender es que por muy difícil que parezca siempre seremos capaces de encontrar la casa del bosque, el hecho es que nunca ponemos todo nuestro empeño, toda nuestra voluntad y sólo queremos que nos llegue en bandeja de plata. Siempre queremos que hagan las cosas por nosotros, que nos faciliten el trabajo, nunca queremos estar en los zapatos del otro, pero te has preguntado ¿Por qué?, fácil, no soportarías sus problemas, para unas personas lo problemas tuyos no son nada comparado con los de él/ella, y así sucesivamente, y la respuesta para esto es que cada persona es distinta, no todos somos iguales, tú por más que entiendas a una persona siempre querrás que esa persona te entienda, peo eso último no depende de ti, sino de él/ella.

Tiendes a decepcionarte, desilusionarte, molestarte con todos, pagar las cosas con todos, sientes una presión en tú pecho, un fuego que te quema, sientes que te ahogas, pero si te das cuenta, estás bien, estás vivo, sólo es tú mente que te juega sucio, sólo son los acosos del recuerdo, la conciencia de que quisiste algo lindo y te salió algo malo, ¿Cómo superar éstas cosas?, lamentablemente para ello no hay un manual a seguir, no hay solución conocida, porque quizás la que resultó para una, no resulte para otra...

Sólo el tiempo cura las heridas, pero ¿Podrás esperar ese tiempo?.

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Ésta entrada fue publicada en mi blog personal de WordPress el 16 de Abril del 2011 bajo el nombre "La casa del bosque".

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